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日志


10月28日

Cincuenta y siete.

mañana 

trapos sucios

 

 

Bajo la alfombra de las buenas intenciones, escondido tengo un batiburrillo de tareas pendientes, pecados y vicios. Mañana sin falta empiezo a poner orden en este polvorín.

Mañana.

 
 
 
 
 
 
  
Sonaba: Mañana, de Aterciopelados.
 

10月21日

Cincuenta y seis.

Lolita

 

Andaría yo por los doce o trece, esa edad imprecisa, cuando, hastiada ya de devorar princesas, piratas, dragones, finales felices e incluso torpe literatura adolescente, decidí dejar atrás barcos de vapor y libros ilustrados y ser lectora adulta. Fue entonces que, viéndome perdida entre estanterías de gruesos libros de colores apagados, opté por pedir ayuda a la bibliotecaria.

Silvia, que así se llamaba y se llama la bibliotecaria de mi pueblo, acudió a darme consejo con la satisfacción que le producía, tras años de constante vaivén al colorista mundo infantil-juvenil, verme cambiar de sala.

Se lo pensó, la verdad es que se lo pensó bastante. Tres o cuatro tuvo en la mano antes de decidirse por “La pasión turca” (Antonio Gala), recién editado por esos entonces.

Yo, niña, que ni había conocido ni me habían interesado otros juegos libertinos aparte del conejo de la suerte, al que jugaba de vez en cuando con la inocencia de quien se ruboriza por besar en la mejilla, me encontré sin comerlo ni beberlo sumida en una historia de pasión desenfrenada y sexo explícito a la que asistía tan perpleja y escandalizada como curiosa; una curiosidad morbosa hasta entonces no descubierta.

Más que leerlo, lo devoré. Me lo comí a solas, escondida en mi cuarto. Volviendo una y otra vez a los más tórridos pasajes, atraída por la innata seducción de lo prohibido y por el extraño influjo que lo que leía ejercía en mí.

No lo había terminado todavía y ya había decidido que Antonio Gala era y sería siempre mi autor favorito. Lo justificaría diciendo que su escritura era una escritura del detalle, introspectiva y  cuidada y eso le hacía merecedor de tan honroso puesto en mi lista, habiéndome leído la friolera cantidad de un solo libro suyo.

No fue hasta algunos años después cuando, tras leer algo más de su obra, descubrí que no era precisamente Antonio Gala (autor que a día de hoy no me gusta demasiado) lo que me había atraído en ese primer libro.

 

 

 

  Sonaba: A piece of my heart, de Janis Joplin.

 

10月15日

Cincuenta y cinco. Blog action day.

b5ccefb49376cc44Lluvia a tres.

 

Uno.

Llovía. Tras meses de un sol incesante, al fin llovía.

Dejándose mojar a paso lento, se cruzaba con bañistas que, cargados de sombrillas, bolsos y hamacas, corrían apurados a resguardarse. No pudo evitar sonreír al percatarse repentinamente de lo absurdo que resultaba haber cogido la toalla; de tontos. Aún así, la extendió en una playa ya desierta y, tras regalarse unos minutos contemplando embelesada la caída del agua alimentando a un mar, se dispuso niña a darse un baño.

 

Dos.

Llovía. Tras meses de un sol incesante, al fin llovía.

-         ¡Que está lloviendo, que está lloviendo!

Fue oír el martilleo en las ventanas y salir corriendo al porche, desde donde tenía una visión completa de la finca, que lucía imponente sometida a una cortina de agua. El olor a tierra mojada alimentó en el acto la ilusión de que ese año por fin maduraría la fruta, poniendo fin a una desastrosa racha de pérdidas.

Se sentó en el porche esperanzado, vigilante. Ojalá esa lluvia fina se prolongara toda la noche.

 

Tres.

Llovía. Tras meses de un sol incesante, al fin llovía.

Pero no sólo llovía. Llovía, tronaba e incluso granizaba violentamente a ratos. No dejaba de ser curioso ver semejante tromba de agua en la calle mientras que del grifo no salía ni una gota, debido a las restricciones horarias que la sequía había impuesto.

-         No solía llover así, antes no solía llover así. Llovía cuando tenía que llover, y no de esta manera – repetía una y otra vez el abuelo mientras ayudaba como buenamente podía a desalojar el sótano, que ya iba teniendo un palmo de agua.

 

 

 

Sonaba: Rain, rain, beautiful rain, interpretado por Ladysmith Black Mambazo

 

10月6日

Cincuenta y cuatro.

Érase una vez...
 
    un cuento desgraciado,
      una nevera vacía,
        la soledad desnuda,
          una foto desvaída,
            un teléfono mudo,
              las ocho de la mañana,
                un te quiero extraviado,
                  tres tristes tigres,
                    una esperanza marchita,
                      insomnio de madrugada,
                        un beso de mentira,
                          el café con sacarina,
                            un sueño desahuciado,
                              un orgasmo insatisfecho,
                                huevos fritos sin patatas,
                                  un insípido final.
 

Sonaba: Continental, de El Joven Bryan.