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1月26日 Sesenta y cinco.clavelitos
Fue en la verbena del barrio de las Virtudes que Ceferino Claveles se creyó ebrio de amor por Juanita, la menor – y no por ello más hermosa – de las hijas del cerrajero, cuando lo que estaba era, efectivamente, ebrio, pero del licor que destilaba Marcelino el Tartaja con el alambique que le dejó su padre, que en paz descanse, y que sacaba un aguardiente que bien hacía honor a su nombre. Quiso Ceferino, a fin de solventar el apretón en el reducido asiento de atrás del Renault 5 que por aquel entonces conducía, bailarle el agua a Juanita – que, otra cosa no, pero ganas de marido tenía para repartir al barrio entero – logrando a la undécima canción agarrada – Clavelitos era – que ésta gambeteara retozona hasta el coche mientras él tarareaba en su oído “yo te daré el cascabel, te lo prometo mocita, si tu me das de esa miel, que llevas en la boquita…”. Apenas hubo desabrochado el sostén de la lozana Juanita cuando, vaya usted a saber a santo de qué, resolvió la ingesta alcohólica de forma inoportuna, quedando Ceferino sopa entre teta y teta de la despecheretada moza con tal rotundez que hasta ronquidos daba.
Ni que decir tiene que Juanita, con ademanes de despecho, poco tardó en ir con el cuento a unos y a otros – en los pueblos ya se sabe – condenando al hasta entonces Ceferino Puertas a escuchar lo que le restara de vida la misma cantinela, que decía; “clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón…”
Sonaba: Clavelitos, versionada por Eskorzo. 1月16日 Sesenta y cuatro.redes.
Cerca, muy cerca. Tan cerca que todo adquiere monstruosos tamaños logrando engañosa relevancia. Tu boca impar. Tu boca hipnótica. Dibujo con la mirada sus contornos, las caprichosas formas que rompen la aburrida simetría de la que se jactan los dioses y la convierten en carne, en labios, en dientes, en lengua. Tu boca imperfecta. Tu boca de perfectas irregularidades. La aíslo. La escindo de tí, de tus caricias, de la calidez de tu pecho, para darle entidad propia, vida fuera de ti. Tu boca y tú. Tu boca animada. Sólo tu boca. Me seduce. Lo mismo se me antoja fina seda a ungir con mimo en alcalina saliva, como al instante torna a suculento bocado, graso y jugoso, que espera ser tragado con gula. Tu boca entreabierta. Tu boca que entona en si bemol, adagio y pianíssimo, un bésame respirado en mi boca. Cerca, muy cerca, me seduce. Tu boca de niño. Tu boca de hombre. Me invitas, despacio, con la punta de tu lengua a beber de tu beso. Tu boca líquida. Tu boca dúctil. Dilato el momento bajo tu aliento. Quizá nunca te ame más que ahora, cerca, muy cerca, tan cerca de probar tu boca.
Sonaba: Big Calm, de Morcheeba.
1月4日 Sesenta y tres. Cumpleaños.Los 29.
Los 29 no existen. Pasan camuflados bajo la amenaza de la treintena. Es una edad relegada al olvido a la que se ha rebautizado con el nombre de "casi-treinta". ¿Cuántos años tiene? Casi-treinta.
A los 29 has vivido un poquito de todo, pero no demasiadas veces; te has enamorado, has viajado, has perdido, has estudiado, has trabajado, te has emborrachado. Los nuevos talentos de la tele son ya más jóvenes que tú, la manida pregunta "¿qué quieres ser de mayor?" espera ya una respuesta y empieza a sonar más de la cuenta eso de "ya no tienes edad de...".
A los 29 eres de profesión mileurista, vocacional, explotada, inexperta, idealista. A los 29 te jode que te digan eso de "tú es que eres joven y todavía tienes romanticismo profesional. Ya se te pasará cuanto lleves unos añitos más trabajando". Y te jode porque, qué coño, claro que eres una romántica vocacional, claro que te creíste eso de la realización personal en el trabajo y claro que todavía conservas la esperanza de encontrar la tan anhelada satisfacción laboral. A los 29 pierdes la intolerancia que tan impetuosa adolescencia te había impuesto y empiezas a disfrutar de artes que en su día calificaste como aburridas. Has encontrado un equilibrio perfecto entre calma y pasión que te lleva a paladear momentos. A los 29 sigues intentando arreglar lo que se estropea a base de golpes, haciendo el tonto delante del espejo, pasando del manual de uso de cualquier aparato electrónico, automedicándote. Hay cosas que, por mucho que crezcas, nunca cambiarán. Pues eso. Que ya tengo 29.
Sonaba: Let´s go osito, de El oso goloso. |
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